Si él se hubiera avispado. Si hubiera advertido, si se hubiera dado cuenta que los roles desaparecen de buenas a primeras con la inmediatez de un relámpago. Si hubiera percibido que el estatus es una ficción y que la neblina desperdigada en la mirada de aquel hombre solo profesaba la antigua fe del hierro. Que la marginalidad destruye y denigra cualquier código social y que los modales de patrón muchas veces se disgregan en el arrabal. Si él hubiera intuido que cualquier momento de la historia es el fatal resultado de todos los momentos anteriores y que observar con atención corresponde a recordar con claridad.
No he de narrar aquí una tesis, tan solo me limito a exponer el singular relato del crimen más mentado del pago de la Punta del Sauce, el asesinato del jefe político de Juárez Celman.
Versiones, dudas, cálculos e hipótesis que llegan hasta nuestros días. Todo es polvo de tiempo. Ya no quedan esos hombres pero perdura un nombre, un nombre que ya ni siquiera es suyo, un nombre que nadie asocia con su rostro, el nombre de una divisa, de un escudo, de una calle compartida.
La voracidad y el rencor son de las pocas cosas que tienen los que no tienen nada, y Celestino Fredes no tenía nada, ese mismo domingo había sido detenido en la cancha de carreras de caballos por generar disturbios, en eso andaba cuando se cruzó con Mariano Rodríguez, mano derecha de Ross, y terminó en la taquería. Y fue el mismo Jorge Ross, su víctima, quien ordenó que lo liberaran.
Cuando el niño bien se encontró con el hombre sin historia ya era tarde. Dios no atiende en La Carlota, sabe. En la anarquía de un río revuelto, en el cuerpo a cuerpo en que derivó el destino, tal vez pensó, con los azares consumados, desordenadamente, en el reino de los cielos.
La ruina de todos los hombres comienza en el cenit de su existencia. Si él se hubiera dado cuenta que la muerte no existe en antagonismo a la vida sino, tan solo, como parte de ella. Si hubiera advertido esa noche que ya no habría una luna que no sea espejo del pasado.
Bernardo Stinco, La Carlota, 13 de marzo de 2018
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