martes, 25 de marzo de 2025

Una deriva sobre la mayonesa

 

Hace varios años, cuando viví una temporada en Mallorca, me hice adicto a unas galletitas que llevaban de nombre "Mahón". Eran de esas galletitas que uno no prueba por elección propia sino porque están ahí, al costado del café, y después de un tiempo te descubrís buscándolas en el supermercado con la sensación vaga, pero creciente, de que algo en tu organismo ha sido reconfigurado en torno a su existencia. Mahón es la capital de Menorca, la isla de al lado, y fue en Mallorca también donde alguien me aseguró con la autoridad de quien cuenta una anécdota mil veces repetida que la mayonesa fue inventada, o al menos popularizada, en Mahón. De ahí, mahonesa. De ahí, la gloria.

Porque la mayonesa, digámoslo sin rodeos, es una de las más grandes creaciones de la humanidad. No estamos hablando de un condimento menor, de un simple aditivo que embellece pero no transforma. No. Es la alquimia llevada a su máxima expresión: huevos y aceite combinados en una unión sublime a través de la pura magia de la física. La tensión superficial vencida, la cohesión impensada. Hay algo conmovedor en la mayonesa, en su insistencia en existir contra toda lógica.

Y lo mejor de todo es su ubicuidad, su voluntad democrática de mejorar cualquier cosa con la que entre en contacto. Sándwiches, por supuesto, que sin mayonesa serían apenas un triste conjunto de ingredientes apiñados entre dos rebanadas de pan. Pero también papas, ensaladas, carnes frías, sobras olvidadas en la heladera que de repente recuperan su dignidad gracias a una cucharada generosa. ¿Cuántas cenas de emergencia han sido rescatadas por un frasco de mayonesa? ¿Cuántos almuerzos de oficina han adquirido sentido gracias a su presencia discreta pero insustituible? La mayonesa es el pegamento universal de la comida casera.

Se la acusa de ser calórica, de ser opresiva en su sabor, de ser vulgar. Pero esto es puro esnobismo. La mayonesa no pide perdón por lo que es. No tiene pretensiones. Está ahí para servir. Y quizá, en estos tiempos inciertos, haya algo profundamente admirable en esa entrega absoluta, en esa vocación de estar siempre lista para mejorar la experiencia de quien la necesita.

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